VOLVER A COMPETIR… ME HA REFRESCADO MUCHOS DETALLES Y DESPERTADO NUEVAS INQUIETUDES.

Jueves, 27 de Agosto de 2015

Hacía muchos años ya que no había vuelto a competir y durante esta semana de agosto puede revivir un montón de inquietudes y detalles con cuales logré concebir y logre estructurar Ecuajunior.

Una de las razones por la cual fue creado Ecuajunior era la poca existencia de torneos, lo mismo está pasando en Senior y esto nos presenta un escenario que se vuelve un círculo vicioso en el cual pensamos que no nos disciplinamos a entrenar o a jugar rutinariamente porque no tenemos la competencia que nos motive a hacerlo y cuando llega el torneo no nos inscribimos porque pensamos que no hemos practicado lo suficiente para estar listos y competir.  Este círculo se va a romper con la presencia de Ecuasenior.

Volviendo a la experiencia recientemente pasada; la primera tarea era sacar el IPIN para participar en un torneo Internacional ITF Senior que se jugó del 17 al 22 de agosto.  Tarea sencilla para quienes manejamos diariamente el computador con internet, pero tremendamente difícil para la mayoría de los de mi generación que han sido adoptados en nuevo mundo de la informática.  Muchos no tienen ni siquiera un correo electrónico y si lo tienen lo revisan una vez al mes.  Lo cual significa que hay que gente que quiso participar pero fracasó en el intento de inscribirse.

Felizmente al ser un torneo internacional si hubo mucha gente extranjera de USA, Suecia, Chile, Japón, Perú, Ecuador, etc. que tiene el hábito de la informática y por lo tanto la concurrencia fue exitosa.

Yo había decidido no jugar singles ya mi cuerpo no está habituado a jugar partidos completos y menos día tras día, pero creí que si era posible competir en dobles.

Hacía un mes había acordado con alguien de mi edad y nacionalidad jugar juntos dobles en nuestra categoría y pasó lo que suele pasar muchas veces en los juveniles, él vio la oportunidad de jugar con alguien de mejor ranking que yo y simplemente se inscribió sin decirme nada.  Me hace comprender que este es un problema que siempre existirá en todos los niveles de competencia si no se conoce el verdadero significado de la palabra “compromiso”.  Y para esto no se necesita un papel firmado sino solamente dar la palabra.

Como tengo mucha experiencia en la parte de organización y de reglas de competencia sabía que podía dejar mi nombre en la hoja de firmas del supervisor y avisarle que estaría dispuesto a jugar con cualquier jugador que quisiera anotarse conmigo.  Para mi estaba claro que si un extranjero firmaba, posiblemente no era el de mejor nivel de su delegación; pero el concepto de compromiso está claro en mí, así como las ganas de participar.

Me avisaron del primer partido en un horario extraño y ajeno para mí ya que a las 11:00 el desayuno ya se desapareció de mi estómago y es muy temprano para pensar en almorzar, entonces había que poner en práctica aquellos conocimientos de los carbohidratos lentos y los rápidos.  Comí una tostada de queso con mermelada lo cual haría que vaya recibiendo energía poco a poco y a mediano plazo y obviamente banana y una manzana que me daría energía inmediata al entrar a la cancha.  La hidratación ya había comenzado una hora antes del partido, pues cuando uno ya tiene sed es porque ya está deshidratado.

Entrar a la cancha sin conocer a ninguna de las otras tres personas es algo que me estaba pasando por primera vez o quizá no me había pasado desde hace ya 32 años atrás.  Así que me tocó durante el peloteo mirar como jugaba cada uno, cosa un tanto complicada cuando uno está mirando la pelota para poderla impactar.

Le propuse a mi compañero comenzar a meter devoluciones cruzadas y ver cómo iba todo. Una vez que me fue claro que él tenía el menor nivel de los 4 que estábamos en cancha, le pedí que aceptara el planteamiento que yo comenzaría a arriesgar a cruzarme durante su servicio y que durante el mío él se pegara a la red sólo cubriendo su espacio.  Aceptó y dio resultado.  Así fue como logramos pasar la primera ronda y el resto de partidos que nos permitió acceder a una final.

Volví a sentir y a revivir aquella casi olvidada sensación de falsedad ya que todo el mundo dice de la boca hacia afuera que se viene estar relajado, a pasarla bien y que se está participando por diversión.  Esto no es para nada cierto, pues en los partidos jugados me encontré con:

Aquel servidor que está esperando que uno se dé la vuelta para inmediatamente servirle tratando de sacar ventaja y pensé que era un coincidencia hasta que tuve que levantar la mano para que esperara a que esté listo para recibir y claro paso que su saque fue malo y enseguida pidió primer servicio al ver mi mano levantada, volvió a pasar un par de veces más y fue cuando le dije que de esa manera él iba a estar sacando todo el partido primeros servicios y no era lo más correcto.  Esto hizo que se frenara un poco en su manera sistemática de hacerlo, sacando la ventaja del desbalance que uno tiene cuando se gira y ve la pelota ya en camino hacia uno.

También me encontré con aquel que quiere manejar todos los tiempos, el de él y del servidor contrario, siempre diciendo “no ready” a cada rato.

Encontré también aquel que cuestiona la marca, aun sabiendo que realmente fue a favor del contrario, ya que su intención final no es cambiar la decisión sino simplemente provocar el malestar que logre sacar de concentración al rival.

Incluso encontré aquel oponente que en el cambio de lado comenzó a criticar a mi compañero y prácticamente yo tuve que hacerme el sordo y levantarlo pronto para que no se involucrara en esa situación que no nos convenía.

Para mi es más honesto declarar que uno quiere y va a hacer todo lo posible por ganar, pero dentro del marco de las reglas y lo que se está permitido como ética del deportista, y no aquello de que se ha venido a pasar un buen rato, a participar, a divertirse, etc. y en la práctica haciendo estas cosas alejadas del fair play.

Observé, felizmente no en mi partido, como el público alienta pero no apoyando a su conocido sino tratando de molestar directamente al rival.  Cosa poco grata para un competidor sobre todo amateur.

Hubo partidos que jugamos sin que el árbitro haya venido a hacer el sorteo. 

Hubo sets que jugamos con sólo dos bolas ya que no aparecía el juez que podía reponer la extraviada

Todos estos detalles me hacían reflexionar que en Ecuajunior realmente tratamos muy bien a los chicos, tenemos mucho orden y respeto; más sin embargo la presión y quejas de algunos representantes no viene con la calidad de organización sino por la frustración que pueda sentir al ver que hay otros rivales de sus hijos que “saben competir” mejor que ellos.  Y cuando digo “saber competir” me refiero a un sinnúmero de detalles como los que he nombrado y que no necesariamente son éticos pero que al final generan esa ventaja que les permite obtener triunfos y títulos.  Y no es algo que estoy aconsejando sino simplemente diciendo que existe y hay que aprender a vivir con ellos para poder salir adelante. 

Llegar a la final del torneo fue enriquecedor, saber que mi cuerpo ha cambiado enormemente y que ya no se recupera con la velocidad de antes, encontrar nuevos recursos que compensen la falta de velocidad y movilidad de antaño, recordar nuevamente ese nerviosismo que existe antes de entrar a la cancha y que es necesario ya que es el que activa nuestros reflejos y sentidos y que logramos dominar y esfumar cuando uno escucha “play”.

Algo muy grato que me dejó esa final fue que mi hijo estuvo presente y me pudo ver competir, hasta ese momento él sólo había visto trofeos que gané en algunos torneos de mi juventud y los comentarios de amigos que le habían podido platicar de cómo yo jugaba, pues en mi época no había un Ecuajunior que tome fotos y grave vídeos de los finalistas y menos de los participantes en general y que hoy pudieran ser vistos.  Ese día y por primera vez fue él, quien tuvo la cámara de fotos en sus manos y fue él quien me pidió entregarme el trofeo como cuando yo lo hice alguna vez durante parte de su niñez cuando él compitió en tenis.

Como en todas las experiencias que vivo, siempre trato de que algo bueno se pueda rescatar, me queda el deseo de nuevamente revivir Ecuasenior y ya está planteado el reto del próximo año hacer unas cuantas paradas que bien podrían ser: Salinas, Quito, Manta, Cuenca y Guayaquil.  Estoy consiente que yo sólo soy un catalizador, alguien que puede liderar la gestión y reconozco que se necesita de ayuda de los demás para lograr los propósitos.  Tocaré puertas y haré gestiones esperando poder encontrar las respuestas para lograr que muchas personas mayores despierten el deseo de entrenar y ejercitarse más frecuentemente  con la intención de participar en la competencia que además servirá para encontrar y conocer nuevas amistades, que por mi experiencia vivida lo diré categóricamente: son las más valiosas.

 

 
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